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Gestión de conflictos

Los conflictos ocurren siempre en los grupos sociales, ya sea en adultos, jóvenes o niños y niñas. La existencia de estos es inherente a nuestra propia civilización, por lo que son necesarias unas normas comunes de convivencia para todos, entendiendo las diferencias entre las personas y las diferentes motivaciones e intereses individuales y colectivos.

Sin embargo, la naturalidad de este proceso no exime de la responsabilidad y necesidad de su gestión, ya que la existencia y cumplimiento de normas de convivencia es indispensable para el buen funcionamiento de cualquier grupo social. En la entrada de hoy, nos centraremos en los conflictos que suelen o pueden surgir entre niños y niñas, tanto en el ámbito de la escuela como en el ámbito de la educación no formal.

En primer lugar, es importante que toda la comunidad educativa tenga una visión común sobre los conflictos y sus posibles soluciones, así como un plan general de prevención para evitar en toda la medida posible estos “choques”. Este plan de prevención debe incluir con asiduidad actividades relacionadas con la empatía, la educación emocional y la gestión de las emociones (propias y ajenas).

También es importante la presencia de un plan de convivencia el cual haya sido creado conjuntamente entre los responsables educativos y los niños y niñas. Deben sentir estas normas suyas, y no una imposición por parte de los adultos, creándose de esta manera una mayor responsabilidad sobre dichas reglas. Este plan de convivencia debe recoger los principales problemas que pueden surgir en el entorno educativo, teniendo un enfoque de respeto a la diversidad, la igualdad y la tolerancia. 

Por otro lado, una medida que normalmente tiene mucho éxito es la de la creación de una figura de mediador o mediadora. En este caso, esta persona debe ser otro niño o niña de manera voluntaria y neutral, y cuyo papel será el de mantener un diálogo con ambas partes implicadas en el conflicto con el objetivo de rebajar la tensión y llegar a acuerdos comunes. Es importante que el mediador o mediadora tenga el apoyo de los adultos responsables, con los cuales pueda consultar y comunicar incidencias graves que requieran de la actuación de un adulto.

Por tanto, podríamos resumir la gestión de conflictos en unos sencillos pasos:

  1. Comunicación del conflicto y valoración del nivel de gravedad
  2. Proporcionar a cada una de las partes la atención necesaria y ayudarlas a tomar una posición empática y asertiva mediante la escucha activa.
  3. Llegar a un consenso con ambas partes y definir o recordar futuras normas a respetar para evitar la repetición del conflicto.
  4. En caso de la necesidad de que se realicen acciones reparadoras o consecuencias, consensuarlas entre los implicados y tratar de que estén relacionadas con el conflicto ocurrido.

Siguiendo estos consejos sobre una buena gestión de los conflictos en los ámbitos escolares y de tiempo libre generará una mayor confianza en el grupo y un desarrollo de aptitudes comunicativas y asertivas entre los menores.

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